
Abismo
¿será posible probar
la máscara sin máscara,
lo real por sobre la virtud,
un corazón desacompasado
que se expande
como una planta carnívora
soñándose ángel?
escrituras y cavilaciones

Los poetas se debaten entre por lo menos, dos posiblidades: contar los acontecimientos (con lo que no coincidía Drummon de Andrade) algo fomentado magistralmente por la poesía norteamericana; expresar los sentimientos (elijan el ejemplo, hay muchos). Lo que queda es plasmar la inspiración sobre la base del lenguaje. Extraer de las palabras todo, elegirlas según conveniencias de verdad y belleza, conceptos hace tiempo amigados. También pueden elegirse por jerarquía, por reputación, tramando con ellas una costosa tela. Dentro de esta elección puede estar el barroco y neo-barroco, al que Borges tildaba de pedante, de alardear con el lenguaje, pero esa es otra discusión.
Hay autores que jugaron con la sonoridad haciendo que las palabras se transformasen por ritmo y por color en un río, por ejemplo, el poeta argentino Juan L. Ortiz, podía adentrarse en la anécdota, podía expresar sus sentimientos, pero lo primero era el lenguaje, palabras limadas, adjetivos en cantidad pero elegidos. Una música propia que no nos remitía a la retórica:
“Regresaba
La riqueza de los diarios de los escritores es infinita porque descienden a las tribulaciones de la vida cotidiana de cualquier mortal, pero no está ausente su historia de ese día con el oficio y si no hablan de literatura expresan esos sufrimientos eternos (la lucha para conseguir dinero, criar a los hijos, aceptar una sexualidad diferente, la enfermedad o la sensación de sentirse solo en medio de una familia).
El escritor es uno más, cercado por las alegrías y angustias de la vida, adentrarse en esos diarios es ver fragmentos de la propia escritos con virtuosismo y teñidos de dudas planteadas visceralmente. Se entiende que en algunos casos el autor pida que los diarios no sean publicados hasta después de su muerte. Es imposible escribir un diario honesto sin herir a alguien, generalmente a los más cercanos.
No hay tonos grises en estos diarios, algo presente son las dudas sobre la propia creación y la lucha por instalarla en un lugar público. En Chever el debate entre sus intensos deseos, que no hubieran sido “bien vistos” en la sociedad de la época y la necesidad de llevar una vida normal, burguesa junto con otra, transgresora y llenándolo de culpas. En Plath el debate estaba entre ser buena escritora y buena madre, la ira que se desataba cuando comprobó que era mucho más fácil para su marido Ted, conciliar los dos mundos. Sontag en sus diarios mezcla de nuevo su vida privada con la pública, sus amores nuevos, sus descubrimientos de las ciudades y de la gente; su intimidad siempre ligada a su obra y al amor, a la sexualidad y a la vida intelectual. Temores y sueños puestos en cuadernos escolares.
