lunes 16 de julio de 2007

Bitácora


Lo que nos mueve a escribir son causas tan diversas como escritores hay en el mundo. Una infancia confusa o poco apropiada para hacer feliz a un niño, empezar rápidamente a crear mundos brillantes para combatir el frío de la soledad, un comunicación distante y forzada con los semejantes: palabras que debieran decirse no se dicen, quedan clavadas en la garganta y con un poco de suerte fundan en el texto algo más o menos apropiado (a veces es sólo la trama como posibilitadora de sacar esas espinas clavadas, que ya es bastante proeza, a veces no hay ningún valor literario.)
Los textos de otros generan poesía, la literatura genera literatura, me dijo una vez mi profesora y nunca me olvido de estas palabras. El valor de la belleza, de lo que es belleza para nosotros nos envuelve con una certeza más fuerte que las enciclopedias.