Algunos arponeros
pasan mañanas
esperando que el gran monstruo
eleve su comisura
o cante la cancióndel diente.
Feroz en el retorcimientose parten al sol
como pobres papeles
de náufrago: la frente en dos.
Y ya cuando la carga
resulta demasiado pesada
sienten en el corazón,
la visita.
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